13 de marzo de 2017

STANLEY KUBRICK ERA AMIGO MIO (1)

Tomado del libro Kubrick, de Michael Herr. Grove Press, N.Y. 2000 (Editorial Anagrama, Barcelona, 2001).



MICHAEL HERR, guionista de Full Metal Jacket.

Stanley Kubrick era amigo mío, en la medida en que la gente como Stanley tiene amigos, y si es que hoy en día queda gente como Stanley. Era uno de los hombres más sociables que he conocido, y eso no cambia el hecho de que casi siempre se relacionara con los demás por teléfono. El escritor Gustav Hasford afirmaba que él y Stanley en una ocasión pasaron siete horas al teléfono, y yo muchas veces estuve más de tres hablando con él. He oído decir a mucha gente que habló con Stanley el último día de su vida, y aunque son muchos, les creo a todos.



Tenía la entrañable y seductora costumbre de repetir tu nombre cada dos frases, sobre todo cuando llegaba al meollo del asunto, y con él siempre había un meollo.

Cuando le conocí en 1980, yo no solo suscribía la leyenda de Stanley, sino que de hecho era muy susceptible a ella. Un amigo común, David Cornwell (más conocido como John Le Carré) le había dicho que yo vivía en Londres y nos invitó a comer y a ver una película. Era un pase de The Shining en los estudios Shepertton una semana antes de su estreno en los EEUU., seguido de una cena en Childwick Burry, la finca de 50 hactáreas cerca de St. Albans, a una hora al norte de Londres, al que acababan de mudarse Stanley, su familia, sus perros y sus gatos. Stanley quería conocerme porque le había gustado Despachos de Guerra, mi libro sobre Vietnam. Fue lo primero que dijo cuando nos conocimos. Lo segundo que me dijo fue que no deseaba hacer una película del libro. Lo dijo más o menos como un cumplido, pero también para asegurarse de que no me hiciera ilusiones. Había leído el libro varias veces en busca de la historia y durante la cena citó varios fragmentos, algunos bastante largos, de memoria. Me sentí emocionado, halagado y muy feliz de conocerle, pues no se me pasaba por alto que no era una persona a quien se conocía todos los días. No era una persona que se convierte en tu amigo al cabo de cinco minutos en una fiesta.

Estaba pensando en hacer una película de guerra, pero no estaba seguro de que guerra, y de que hecho, ahora que lo mencionaba, ni siquiera estaba seguro de querer hacer una película de guerra.



Un par de noches después me llamó para preguntarme si había leído a Jung. Le dije que sí. ¿Estaba familiarizado con el concepto de la Sombra, nuestro oscuro lado oculto? Le aseguré que sí. Hablamos media hora de la Sombra y de que quería que apareciera en su película de guerra. Y, oh, ¿Conocía alguna buena novela sobre Vietnam, “ya sabes Michael, alguna que la que haya una historia”? Le dije que no. Le dije que después de siete años trabajando en un libro sobre Vietnam y casi dos más en la película Apocalypse Now, era la última cosa en el mundo que me interesaba. Me agradeció mi sinceridad, mi “casi brusca franqueza”, y dijo que, probablemente, lo que más le interesaba hacer era una película sobre el Holocausto, pero a ver quién metía todo eso en una película de dos horas.

Casi siempre hablábamos de escritores, generalmente muertos, blancos y europeos o norteamericanos, casi nunca los que hoy están en los planes de estudios universitarios. Stendhal (media hora), Balzac (dos horas), Conrad, Crane, Hemingway (horas y horas: “¿Crees que es cierto que estaba siempre borracho, incluso cuando escribía? ¿Sí? Bueno, tendré que averiguar que bebía y enviar una caja de eso a todos mis escritores”), Celine (“Mi antisemita favorito”) y Kafka, a quien consideraba el mayor escritor del siglo y el más malinterpretado: la gente que utilizaba la palabra kafkiano probablemente jamás había leído a Kafka. Stanley tenía un gusto y don para lo creativo-subversivo, y apreciaba a Swift, Malaparte y William Burroughs, y se interesó por el hecho de  que Burroughs fuera amigo mío. Le hice leer ¡Absalón, Absalón!; la novela le pareció increíblemente hermosa, pero “ahí no hay película. Quiero decir: ¿Dónde está la chicha, Michael?”. Y entonces pasaba a otra cosa. Decía que le gustaría hacer una película de médicos porque “todo el mundo odia a los médicos” (su padre era médico). Y así seguimos charlando, con alguna esporádica visita a su casa para cenar y ver una película…hasta que descubrió el libro de Gustav Hasford The Short-Timers, compró los derechos, escribió un largo tratamiento y me pidió que trabajara en el guion con él. Entonces comenzamos a hablar de verdad. A aquellas alturas ya sabía que había estado trabajando para Stanley desde el momento en que le conocí.


A Stanley nunca se le podría haber acusado de romper ninguna ley suntuaria. Puede que fuera el dueño de Childwick Bury, pero se vestía como un campesino, y, además, le sentaba bien. Llevaba siempre lo mismo, unos chinos gastados, una especie de camisa de trabajo, generalmente de un tono azul oscuro, una especie de chaqueta de trabajo de basto algodón con muchos bolsillos (mi oficina, solía decir), calzado deportivo, tan roto que se podría pensar que era corredor y un anorak para todo clima. Cuando su hija Katharina se casó, en 1984, fue la Mark & Spencer de St. Albans y se compró un traje azul oscuro de 85 libras y una camisa blanca y una corbata, y en una de las zapaterías de High Street se compró un par de zapatos negros que, me dijo, estaban hechos de cartón. (NR: En otro escrito la historia comienza antes: Kubrick quería ir tal como vestía a diario y su hija se echó a llorar, por eso fue de compras).

Stanley era alguien que no sabía lo que quería, pero que tenía clarísimo lo que no quería, y no pensaba aguantarlo. Era el vacilante umbral de la edad adulta, una cara pre-adolescente que envuelve un alma anciana, de alguien que ya ha vivido de todo.


31 de diciembre de 2016

JAN HARLAN, PRODUCTOR Y CUÑADO.

Tomado  del artículo Le Grand Atelier, publicado en Les Inrockuptibles Hors Serie. Kubrick: L’Odyssee d’un Solitaire. 1999. Por Fréderic Bonnaud. Entrevistas por Fréderic Bonnaud  y JD Beauvallet. Traducción del francés por Raúl Lino Villanueva



Con el fin de descifrar los famosos métodos de trabajo de Stanley Kubrick, desenmarañar leyenda y realidad, nos encontramos en Londres con tres de sus más cercanos y antiguos colaboradores: Leon Vitali, Jan Harlan y Julian Senior. Un gran avance en el sistema Kubrick para dibujar un retrato del genio artesano a la antigua, pedagogo incansable de meticulosidad más empírica que fría, gran comunicador curioso de todo. Y gran devoto y amigo de los animales.




J
an Harlan, productor y cuñado.
Jan Harlan parece lo que es: un muy distinguido y muy cortés hombre de negocios suizo. Hermano de Christiane Harlan y pues cuñado de Kubrick, Jan Harlan tenía negocios florecientes y una vida agardable en Zurich, Viena y New York. Se comprendía bien con su cuñado e iba seguido a visitar a la famila Kubrick priemro en New York y después a Londres.. Especialista financiero, no tenía nada que ver con el cine. 

“En 1970, cuando vivía en Zurich, me llamó diciendo “Tengo un gran proyecto que podría interesarte”. Era su Napoleón. Debía rodar en Rumanía ya que había obtenido 5 mil caballeros de la armada rumana. Y como yo hablaba un poco de francés y por supuesto alemán, idiomas más habladas en Rumanía que el inglés, y por mi profesión y mi costumbre de negociar con gobiernos, me propuso trabajar para él. Pero no se pudo por culpa del completo fracaso de la coproducción italo-sovietica-americana de Dino de Laurentis y Serge Bondartchouk Waterloo. Nuestros financistas de United Artist y MGM desistieron. Stanley era un gran experto de Napoleón. Tenía una inmensa biblioteca sobre él. Estaba fascinado por el personaje, que era muy talentoso, que llego a hacer tantas cosas bien y que cometió errores de juicio al final, en un momento crucial. Decidí igualmente quedarme en Inglaterra y aprender la profesión con él – lo que tomó varios años. Fui asistente de producción en La Naranja Mecánica. No tenía ninguna verdadera responsabilidad pero aprendía en varios dominios, estructurales, fiscales, seguros, etc. A partir de Barry Lyndon, me convertí en productor ejecutivo. Hacía todas las negociaciones y acuerdos financieros. Es lo que yo hacía en los negocios”.


En una fiesta de disfraces en casa de Kubrick:
Harlan y su esposa, Ania Kubrick y pareja, Christiane y Stanley y Katharina K Hobbs.


“El proyecto de adaptar la novela de Schitzler se remonta a los años 1968-69.. Compramos los derechos en 1970-71. Stanley leyó la novela en una edición americana de 1932., titulada Viennese Novelettes y la novela se llamaba Rhapsody. Me dijo que se la retradujera para que pudiera comparar las traducciones. Encontró que era muy complicado, muy serio para él en esa época y la dejó a  un lado. Tampoco estaba muy seguro del final. Retomó el proyecto a la época de The Shining, Tuvo una idea que lo entusiasmaba mucho: quería hacer la película con Woody Allen, como doctor judío en New York. Entre tiempo contacté con muchas personas que querían recomprar los derechos, pero Kubrick se negaba a venderlos.

Si bien es muy discreto respecto al costo final de Eyes Wide Shut (“La prensa habla de 65 millones de dólares. No es exactamente eso pero es más o menos eso”), Jan Harlan no se comporta como el guardián del templo y rechaza soltar alguna cifra. Quiere por sobre todo cortar de una vez ciertos rumores. Dese ese punto de vista, su enemigo se llama Frederic Raphael, el guionista de la película que se apresuró en publicar un libro relatando su experiencia justo después  de la muerte de Kubrick. “Él escribió un libro detestable. Abusó de la confianza de Stanley de una manera vergonzosa. Fue a su casa, cosa que muy pocas personas pueden vanagloriarse. Es un buen escritor y participó de una manera importante en el guion de Eyes Wide Shut. No le gusta Kubrick, de acuerdo. Estamos en un país libre. Pero él cita Kubrick diciendo que casi todo lo que hizo Hitler fue justo. Cuando alguien escribe cosas parecidas a uno le da ganas de preguntarle “ ¿Y de dónde sacas todo eso?”



Lo que más exaspera visiblemente a Harlan es que Raphael haga decir a Kubrick cosas malas sobre Spielberg y La lista de Schindler. Pero nos confirma que fue por culpa de la película de Spielberg que Kubirck tuvo que abandonar definitivamente el proyecto Aryan Papers. “Gastamos mucho dinero en ese proyecto. Teníamos el permiso del museo Trenes de Brno, en Moravia, para hacer salir a los trenes en la ciudad y de cerrar el centro de la ciudad durante un fin de semana para decorarla con banderas nazis. También había un casting ya hecho, con la actriz holandesa Johanna Ter Steege en el papel principal. Quería la quería a ella y a nadie más.”. Esto es para desmentir los rumores lancinantes alrededor de Julia Roberts, Uma Thurman o Jodie Foster. “Pero a Kubrick le gustaba mucho La Lista de Schindler y Spielberg. Se llamaban mucho por teléfono. Kubrick decía que el mejor director para rodar Artificial Inteligence era Spielberg y no él.


Johanna Ter Steege 

“No viajaba mucho y utilizaba mucho el teléfono, los telex, los fax y luego la Net, Tuvo la primera generación del Net. Como él tenía el primer fax que yo hubiera visto, un objeto enorme que costaba una fortuna y no funcionaba muy bien, le pregunté que quería hacer con eso “Oh, la Warner Bros a Burbank tien uno también, les puedo enviar faxes”…”¿Y….cual es le negocio”….”Ya verás, un día, muchas empresas tendrán uno”.


Siempre a la vanguardia...


13 de septiembre de 2016

SARA MAITLAND: MI AÑO CON STANLEY KUBRICK


*Este artículo fue publicado originalmente  en el periódico inglés The Independent. Reproducido en la revista francesa LES INROCKUPTIBLES, Hors serie Kubrick, de 1999. Traducción de inglés por Julia Dorner. Traducción de francés por Raúl Lino Villanueva.

Sara Maitland trabajó con Kubrick en el guion de A.I., al cual Kubrick siempre llamó Pinocchio.



Por Sara Maitland.
©The Independent. Marzo de 1999.

Una mañana de 1995 sonó el teléfono. Descolgué y una voz gruesa me dijo: “Soy Stanley Kubrick ¿Quisiera Ud. escribir un guion para mí? Sospechando de un amigo farsante le respondí: “Aquí Marilyn Monroe y hace treinta años que estoy muerta”  Se río. Era verdaderamente Stanley Kubrick. Este episodio ligeramente surrealista marcó el debut de uno de los períodos más excitantes, frustrantes, confusos e instructivos de mi vida profesional. Durante un lapso de tiempo relativamente corto, fui la guionista de Stanley Kubrick.


¿Por qué Ud.? Me preguntaron con un tono no muy cortés. Sin excesiva arrogancia, yo era una opción lógica. Él quería que trabaje sobre su muy esperado proyecto sobre la inteligencia artificial (A.I.), que él siempre llamó Pinocchio. La inteligencia artificial le fascinaba. Quería operar un cambio cultural. Si producíamos computadoras a nuestra imagen, entonces por qué nos serían estas nuestros hijos? Se quejaba de Blade Runner, diciendo si era tan difícil de reconocer una réplica, para que intentarlo? ¿Por qué había que cazarlos hasta el último? Según él, las computadoras sería verdaderamente inteligentes, y también emocionalmente, y formar potencialmente un género humano más adaptado al medio ambiente: son nuestro futuro. El objetivo de la película es que los amemos.

Al momento de mi llegada, el proyecto ya se había vuelto enorme, inmanejable, borroso. Kubrick necesitaba un cuento que subyace el todo, de una historia bajo intriga. Creaba una nueva leyenda y necesitaba alguien que conociese sobre leyendas, sobre cómo funcionan.



Cuando le dije que yo nunca había visto un guion cinematográfico en mi vida, estuvo encantado con eso. Quería un texto continuo, no un guion: filmar era su asunto. Él se jactaba de que no existía ni una sola frase en inglés que no pudiera filmar. Se divertía con un juego en el cual yo debía proponerle frases infilmables. “Ella ha reprimido perfectamente su cólera! Es una de las que lo dejó pensando.

Yo necesitaba espacio, silencio y tiempo para trabajar. Él quería rapidez (y obediencia). Pero no funcionó. También porque era imposible trabajar con él. Eso es parte de su leyenda. Y era verdad. Tenía más energía que todas las personas que haya conocido. Estaba dedicado en cuerpo y alma a su proyecto y esperaba que todo su entorno haga lo mismo. Cuando su energía se concentraba en nuestro trabajo, llamaba constantemente por teléfono y a cualquier hora, pedía atención absoluta, ahora!. Una vez, mientras estábamos bloqueados de ideas, logré decirle que la historia y yo necesitábamos un poco de tiempo. “¿Cuánto?”, preguntó. “Un mes” le propuse. Me miró y me dijo: “No puedo”. Luego se rio y, en ese momento bastante particular me dijo que todos aquellos que habían escrito para él pidieron lo mismo, pero que finalmente comprendió que le era totalmente imposible dejar el proyecto en manos de otros durante mucho tiempo. Finalmente acordamos diez días. Nos separamos y regresé a mi casa, a una hora de allí. Cuando llegué habían tres mensajes de él en el respondedor: todos exigían respuesta inmediata. Ni una palabra de disculpa, ni nada sobre nuestro acuerdo.



Era conocido por su arrogancia. Un día le pregunté cómo se imaginaba a los robots “activos” que existirían en mil años. “Serán como los de esta película”, me respondió. Su respuesta me puso celosa sin llegar a herirme. Admiraba la noción que tenia de su propio poder. Es porque era arrogante que lograba hacer sus películas.

Se le decía también paranoico y a veces, me lo pregunto. Pequeño, barbudo, rechoncho, vestido casi siempre con overol de trabajador, no parecía alguien que detestara el contacto físico pero, durante nuestro primer encuentro, evitó el apretón de mano de uso: nunca le vi tocar a otra persona. Detestaba a los periodistas, particularmente a los británicos. Una vez, en una conversación, mencioné  a un amigo mío periodista. “¿Conoce Ud. a muchos periodistas?” -  “Si” – “Si lo hubiera sabido hubiera agregado una cláusula “no contactar” en el contrato.”


Era una persona profundamente secreta. Había una cláusula de silencio en mi contrato – no tenía derecho a hablar de la película. Un día me pasó un libro titulado Rhapsody, una maravillosa historia que podía ser una maravillosa película. La leí pero no me entusiasmó mucho. Fue el fin. Recibí el cheque del fin de contrato y nunca más tuve noticias de él.

Estoy muy orgullosa de haber trabajado. Gracias a él me interesé a la escritura de guiones – sé que quiero comenzar nuevamente. Y estoy triste. Creo que perdimos a alguien magnífico.

Fuente:




5 de julio de 2016

REVISTA POSITIF: 2 preguntas sobre Kubrick PARTE V




Cuarenta y ocho cineastas, franceses y extranjeros, respondieron a estas dos preguntas hechas por la revista mensual de cine francesa POSITIF, en su Nº 464, de octubre de 1999. Traducción por Raúl Lino Villanueva

1-¿Cuál es, según UD., el aporte de Stanley Kubrick al cine?
2-¿A cuál de las películas de Stanley Kubrick le tiene UD. más afecto, y por qué?

                       EMIR KUSTURICA
1.- Siempre estuve impresionado por el trabajo de Kubrick, pero, cuando vi Barry Lyndon, tuve el sentimiento que ésta película tenía ese algo que ver con la esencia del cine. Para mí, el más grande problema siempre fue el de relacionar los fragmentos del mundo que uno separó con la lente. Cuando uno cambia la lente, ¿Cómo afecta eso nuestra visión del mundo? Kubrick casi me dio todas las respuestas que yo buscaba. Para Barry Lyndon, hizo poner un objetivo Zeiss especial cuyo diafragma podía abrirse hasta 1, mientras que el máximo era sólo hasta 4. Lo que quiere decir que la lente ve lo que le ojo ve. Fue un momento revolucionario e la historia del cine y que me hizo tomar conciencia de lo que es bueno y malo en la pantalla. En las escenas de iluminación con velas, la cámara veía tanto igual que la visión humana. Filosóficamente, eso quiere decir que hay una equivalencia entre la lente y alguien que mira el mundo alrededor de él.
Cuando uno ve las películas de Kubrick uno encuentra referencias de un buen número de grandes maestros de la pintura, pero también a un pasado cultural de la humanidad. Toda su obra entera es como una enciclopedia de la historia de la humanidad. Y al mismo tiempo creó su propio mundo.  Es uno de los artistas mayores de este siglo. (XX), con la capacidad de ser selectivo, riguroso y terco, cualidades que no poseo y que admiro en un genio como él.

2.- 2001: Una Odisea del Espacio. Porque, habiendo estado hecha hace más de treinta años, trata de problemas a los cuales nos confrontamos hoy en día. El célebre encuentro entre el astronauta y el computador, es, según yo, una de la claves de la vida contemporánea. Crear un gran momento emocional entre un computador y un ser humano parecía imposible, pero Kubrick lo logró. Orquestó, en una extraordinaria síntesis, formas geométricas, piezas musicales y conceptos fundamentales. También mostró el carácter fallido de la inteligencia artificial, lo que lo hace humano. Al mismo tiempo, nos enteramos recientemente que una oveja clonada envejece dos veces más rápido que su modelo, tan bien que este producto de la ciencia no conoce el crecimiento natural que conduce a la muerte. 2001: Una Odisea del Espacio nos hizo penetrar en nuevos territorios de los cuales no sabíamos nada en la época.


1-¿Cuál es, según UD., el aporte de Stanley Kubrick al cine?
2-¿A cuál de las películas de Stanley Kubrick le tiene UD. más afecto, y por qué?

ROMAN POLANSKY
1.- Para mí, Kubrick fue el primero en darle una forma más o menos realista a la ciencia ficción en el cine. Antes de 2001 era más o menos el reno del papel maché. Ya en Dr. Strangelove mostró con un cuidado extremo los elementos fantásticos, como la sala de guerra o Slim Pickens cabalgando una bomba atómica. Es en esta película que utilizó los efectos especiales con ese perfeccionismo que siempre le reprocharon, como si fuese un defecto! Él abrió el camino que vas desde Star Wars a Starship Troopers. El gran logro de 2001 fue el sentimiento, por la primera vez en el cine, de sentirse de verdad en el espacio.  Yo rodaba en ese entonces Dance of the Vampires en el mismo estudio y es así como conocí a Kubrick. Me mostró entonces muchas cosas que él había rodado con su DoP Geoffrey Unsworth. Su visoón me fascinaba.  Tuvo tanto éxito como para adquirir su independencia, ya que en la época, para realizar esta visión del futuro de manera creíble, hacía falta mucho tiempo y dinero. Nadie antes tuvo ls medios para llegar a eso, y nadie, en su época, pudo haber aprovechado eso.

2.- Sin ninguna duda Dr. Strangelove. No tuvo mucho éxito comercial ya que sin duda fue grabada muy temprano.. A su manera, es una película avant-garde y la obra de uno de esos artistas que tiene el instinto de las cosa que vienen, que están muy adelantados sobre su tiempo para ser apreciados correctamente. Todo me gustaba: el tema, su ejecución con esta iluminación de Gill Taylor, este humor negro de Terry Southern y también Kubrick, ya que poseía mucho y todo los actore sin excepción, comenzando por Peter Sellers. Nada huele a estudio, a pesar de que todo fue rodado en estudio, como más tarde 2001. Esta mezcla de realismo y de fuerza me dio ganas de encontrarme con Kubrick, Cuando, más tarde, rodé Repulsion, quise a Gil Taylor detrás de la cámara, como más tarde Geoffrey Unsworth para Tess.


1-¿Cuál es, según UD., el aporte de Stanley Kubrick al cine?
2-¿A cuál de las películas de Stanley Kubrick le tiene UD. más afecto, y por qué?

CLAUDE SAUTET
1.- El recuerdo del cine ejemplar de Kubrick me deja una impresión paradoxal: Ese puritanismo general y esta intransigencia casi tribal que termina en un perfeccionismo patológico deslumbrante, con la nada del misterio al final de viaje. Un viaje más allá de la emoción, donde el placer de la actuación, hecho de angustia solitaria y lúcida, que él alimentó de una inventividad continua para afirmar sin cesar su singularidad, iluminada de suntuosos destellos populares.


2.- Primero 2001, luego 2001 y siempre 2001. 2001 en boga sobre su obra como 8 ½ sobre la de Fellini, como Citizen Kane sobre la de Orson Wells.

29 de febrero de 2016

FRASES DE STANLEY KUBRICK


....sigo buscando entrevistas....keep in touch...


"A pesar del mayor o menor grado de hipocresía que existe con respecto a este tema, todos nos sentimos fascinados por la violencia. Después de todo, el hombre es el asesino con menos remordimiento de la Tierra. El atractivo que dicha violencia ejerce sobre nosotros revela en parte que, en nuestro subconsciente, no somos tan distintos de nuestro antepasados" (2001).



“La iluminación de las películas históricas siempre me pareció muy falsa. Una habitación completamente iluminada con velas es muy bonito y completamente diferente a lo que se está acostumbrado a ver en el cine.” (Barry Lindon)



“Cada toma es un cuadro en sí, y no, como es frecuente, un medio para ir de un punto del espacio a otro. Así, cada plano es una composición, como el zoom que parte de la pistola durante el duelo al borde del agua. El zoom evitaba también recurrir demasiado al montaje y contribuía a la suavidad, a la fluidez del conjunto.” (Barry Lindon)

No hay nada en la música del siglo XVIII que tenga el sentimiento trágico del Trío de Schubert. (Barry Lindon)



Lo que ella siente por él es puramente físico. Es lo que ocurre en la mayoría de los casos en que una persona está desesperadamente enamorada. Las relaciones masoquistas y trágicas que he podido observar reposan esencialmente en una atracción física. Me pareció que quedaba expresado de manera elegante y realista, con ayuda de Schubert. (Barry Lindon)



A los 45 años creo haber rodado mi obra maestra. (Barry Lindon)

19 de noviembre de 2015

REVISTA POSITIF: 2 preguntas sobre Kubrick PARTE IV




Cuarenta y ocho cineastas, franceses y extranjeros, respondieron a estas dos preguntas hechas por la revista mensual de cine francesa POSITIF, en su Nº464, de octubre de 1999. Traducción por Raúl Lino villanueva.

1- ¿Cuál es, según UD., el aporte de Stanley Kubrick al cine?

2- ¿A cuál de las películas de Stanley Kubrick le tiene UD. más afecto, y por qué?


Sidney  Lumet
1Según yo, una de las contribuciones más importantes de Stanley Kubrick al cine fue su capacidad de afrontar temas muy variados, tratarlos en diferentes estilos, haciéndonos sentir el control absoluto de un maestro de la mise en scene. Películas tan diversas en su forma, desde Ulitme Razzia (The Killing) a La Naranja Mecánica, tienen como fuente la misma imaginación visual, de una fertilidad sorprendente. En ese sentido, fue uno de los artistas más completos del cine.

2Para escoger mi película preferida, estoy divido entre 2001 y Senderos de Gloria. Son tan diferentes por el tema como por el estilo, pero son tan profundos y significativos tanto el uno como el otro. Los avances técnicos de los cuales es responsable en 2001 son muy evidentes como para obviarlos, y, sin embargo, están al servicio de una historia espléndida y poderosa. Estos son, pues, según yo, las dos obras más bellas de Kubrick.



Oliver Stone
1Stanley Kubrick le dio inteligencia al cine.

2Estoy atado a Dr. Strangelove por su profundidad y su comprensión del mundo en todas sus verdaderas contradicciones.







Martin Scorsese
1Gran pregunta. Una forma de responder es ver la manera como 2001 influenció las películas de ciencia ficción modernas. Intente pensar el género sin él. Es imposible. Kubrick inventó un enfoque enteramente nuevo para imaginar el hombre en el espacio – el vacío, la escala monumental de las naves espaciales,, el silencio abrumador. Todo viene de él. En realidad, el inventó a cada nueva película. Con La Naranja Mecánica, fue la fusión del estilo y brutalidad, lo que no solamente es una gran influencia en el cine, sino también un enorme impacto sobre el mismo mundo real, para mejor y peor. Con Barry Lyndon – igual si en la época la gente no lo notó – inventó un nuevo tipo de película de época. Con The Shining, modificó el género de película de horror y fue pionero en la utilización de la Steadycam. En un sentido, podríamos decir que Kubrick fue el gran inventor en el cine. Podemos ver eso hasta en una película como Ulitme Razzia (The Killing) que cuenta su historia de una manera verdaderamente revolucionaria, o en la introducción de un humor negro extremo con películas como Lolita y Dr. Strangelove.
Pero calificarlo simplemente de “gran inventor” y quedarse ahí, sería disminuir su arte. Ya que no es como si Kubrick estuviese en su laboratorio sentado inventando nuevas formas de hacer películas antes de ir a la oficina de patentes para homologarlas. Cuando uno ve sus películas tiene el sentimiento que la forma como rodó esa escena era porque era la única forma de rodar esa escena. Sus películas están entre las obras más impresionantes que hayan sido creadas en la historia del cine. Esta palabra “impresionante” (awesome) es bastante utilizada hoy en día, pero en el caso de Kubrick es muy conveniente, ya que es la emoción lo que sus películas inspiran, un respeto mezclado con temor. Mirar una película es como mirara la cima de una montaña. Sube la mirada y se dice como alguien pudo subir tan alto.

2Difícil escoger una película. Pero de una forma u otra, Barry Lyndon no deja de venir a mi cabeza. Es, creo, porque la película le hace sentir una experiencia profundamente emocional, y que ésta emoción está expresada de una forma inhabitual: por el movimiento de la cámara, la lentitud del ritmo y la forma como los personajes de desplazan con respecto a su entorno. La gente no se dio cuenta cuando la película salió, y muchos hasta ahora. Sospecho que vieron una serie de bonitas composiciones estáticas en decorados históricamente exactos. Pero hay una musicalidad en esta película que es hipnótica, y que termina por cubrirte. La acción sube en crescendo hasta el duelo entre Redmond Barry y su hijastro, una escena devastadora y que le toca los nervios cuando la mira.
Fundamentalmente, una imagen de una belleza exquisita tras otra. Observas la progresión de un hombre que pasa de la más pura inocencia a la más fría sofisticación, para terminar en la amargura absoluta – y todo esto siendo el fruto de una simple  y elemental voluntad de supervivencia. Es una película terrífica porque en toda esta belleza iluminada con candelabros no es más que una cortina tras la cual se esconde la peor crueldad posible.


No hay otra película que se parezca a Barry Lyndon.


12 de octubre de 2015

MADAME K


MADAME K

Esposa de Stanley Kubrick durante cuarenta años y madre de sus hijos, Christiane Kubrick nos da unas luces sobre la intimidad del autor de Eyes Wide Shut y corrige algunas leyendas erróneas según ella. 

Madame K, publicado en Les Inrockuptibles Hors Serie. Kubrick: L’Odyssee d’un Solitaire. 1999. Entrevista por Serge Kaganski. Traducción del francés por Raúl Lino Villanueva.




Su esposo, Stanley Kubrick, tenía la reputación de ser un perfeccionista, un trabajador obsesivo. ¿Tenía el tiempo de vivir una vida privada?
Él no era obsesivo, no es el buen término. Como todas las personas que aman lo que hacen, pensaba simplemente que su trabajo era el mejor juguete del mundo. Los pintores, escritores o los músicos no se levantan por la mañana diciendo: “Oh, diantres, tengo que ir al trabajo”. No era del tipo sombrío, encarcelado por su trabajo, adoraba lo que hacía, adoraba la profesión de cineasta, es todo. “Obsesión” es un término muy connotado, muy evocador de  locura. No era para nada el caso de Stanley. Aparte, hizo pocas películas, lo que muestra que no estaba obsesionado por la idea de hacer toneladas de películas, él solo quería hacer buenas películas.

¿Pasaba lo esencial de su tiempo trabajando en sus películas?
No. Leía mucho. Pasaba mucha parte de su tiempo haciendo de businessman, porque producía sus películas… De hecho, él mismo se preguntaba como pasaba su tiempo. Andaba siempre muy ocupado, el tiempo se le iba muy rápido. Se ocupaba también mucho de su familia, tenía muchos gatos y perros y ocuparse de ellos toma más tiempo de lo que la gente puede creer. También pasó mucho tiempo en uno de sus proyectos que no terminó: Aryan Papers, sobre la segunda guerra mundial, A.I., sobre las noticias de tecnología…Hace unos treinta años tenía un proyecto sobre Napoleón y ya había firmado un contrato con el ejército rumano.



¿Cómo reaccionaba cuando uno de sus proyectos no llegaba a realizarse?
Muy a menudo, lo aterrorizaba. Aryan Papers lo detuvo él mismo por culpa de La Lista de Schindler. Pero Napoleón, le hubiera encantado poder hacerla. El estudio no continuó por el desastre comercial de Waterloo.

En general, ¿Que hacía exactamente cuando no trabajaba sobre una película?
Se distraía en casa. Pasaba el tiempo con los niños, hablaba de sus problemas, se ocupaba de sus nietos…También le gustaba cocinar de vez en cuando. No cocina muy sofisticada, si no cosas rápidas y fáciles de hacer a la americana: frituras, grandes ensaladas, sándwiches americanos…Era un poco desordenado en la materia: cuando cocinaba, había siempre demasiadas cacerolas y mucho humo… No es tan simple describir exactamente el transcurso de sus días. Pasaba también enormemente parte de su tiempo al teléfono, hablaba mucho con sus amigos, colaboradores. Las únicas personas con las que no hablaba eran con gente de la prensa y de los medias. Era una especie de timidez de su parte, temía no ser tan interesante como sus películas. Decía: “Trabajo mis películas de forma muy minuciosa, pero después, en entrevistas, me pongo nervioso, estresado y digo cualquier cosa”…Cómo su mujer en este momento!

|


Sin embargo, las raras entrevistas que dio son apasionantes.
Quizá, pero cada entrevista le tomó un día de su vida. No le interesaba consagrar tiempo a conversar con el Times, Newsweek, etc. Al contrario, le gustaban mucho las revistas francesas porque el público francés era importante a sus ojos. Sus películas tenían éxito aquí. A veces los ingresos de la sola ciudad de París eran más importantes que en todo Reino Unido. París es una ciudad cinéfila y Stanley era un artista – o en todo caso aspiraba a serlo. Seguido fue presentado como un monstruo, un ermitaño solitario y misterioso, pero es la prensa quien inventó esta imagen. La prensa inglesa tenía costumbre de preguntarle cosas impertinentes o idiotas. Cuando sucedía, era lógico que rehuya, ser desconfiado.

Tenía igualmente la reputación de ser un recluido, que no salía de su cubículo.
Para nada. Simplemente, no le gustaba viajar. Pero decir que no salía de su casa, es hacerlo pasar como un loco. Salía seguido, pero no frecuentaba públicamente personas conocidas. No iba a lugares donde uno es visto, como grandes restaurantes u hoteles. Frecuentaba lugares más discretos. En cuanto a sus amigos célebres, como Spielberg, venían a verlo a casa. Nada fuera de lo común: un montón de personas prefieren comer en casa con amigos en lugar de un restaurant ruidoso. Cuando uno quiere cenar y conversar tranquilamente, es más simple en casa; ya que en un restaurant, cuando se es Stanley Kubrick, uno es reconocido y la noche se estropea, no se está tranquilo. Tenía sus razones de temer ya que hubo un impostor que se hizo pasar por él un buen tiempo, lo que creó un gran escándalo en la época. (N.R.: sobre este caso se hizo la película Color Me Kubrick)




¿Iba de vacaciones con Ud? ¿No era curioso de otros países, de otras culturas?
Viajamos en el pasado…Pero Stanley no tomaba vacaciones, eso lo aburría. Pasar el tiempo en una playa era para él una idea atroz. Los países, las culturas, los descubría por la televisión. Yo le decía seguido que no tenía nada que ver con el verdadero contacto, pero la sola idea de tener que hacer las maletas lo desanimaba por adelantado. Vivíamos en el campo, aprovechaba este paisaje, los paseos. Finalmente no viajaba porque no lo necesitaba, tenía una vida social normal. Pero que pasaba mucho por las máquinas, teléfonos, fax, etc.

En tanto que ser un americano viviendo en Londres ¿Cuál era su relación con su país? ¿Lo extrañaba?
Lo extrañaba, pero el proceso era como para cada uno de nosotros: es sobre todo su juventud lo que le hacía falta. Pero él sabía que su juventud y la América de su juventud habían definitivamente desaparecido. Decía que si algún día regresara al Bronx lloraría por que no lo reconocería. Además, regresar a los E.E.U.U. le hubiera costado hacer sus maletas y subir a un avión. Para él, no valía la pena.



¿No le molestaba para nada estar definitivamente cortado de sus raíces?
No estaba para nada cortado de sus raíces! Todas las personas que amaba y que lo amaban estaban a su lado, a los otros les hablaba por teléfono. Su espíritu era más internacional que americano. Estaba muy al tanto de la actualidad, sobre todo de la americana. Seguía con pasión el proceso de O.J. Simpson por ejemplo, o más recientemente el caso Lewinsky.

¿Conversaban juntos de su trabajo? ¿De sus proyectos en curso?
Si, hablaba todo el tiempo, era muy comunicativo. Escuchaba mi opinión y comentarios. Es difícil describirle lo intenso que era sobre todo. Era un hombre apasionado. Cuando su guion estaba terminado, ya no hablaba, iba, sabía que lo que debía hacer y no necesitaba más opiniones. Al contrario, cuando estaba en un estado de ideas preliminares, conversaba mucho.



¿Conversó mucho con UD. sobre Eyes Wide Shut, una película que habla de la pareja?
Sí, pero nuestra pareja no fue el único referente. Más se envejece, más uno ve cómo evolucionan las otras parejas, sus amigos, percibe mejor sus problemas. Y todos estos problemas de parejas son evocados a través de toda clase de intercambios, desde las conversaciones más serias y profundas hasta los chimes de una mujer. Pienso que Eyes Wide Shut aborda estos temas frescamente, estos temas que seguido incomodan a la gente. La pareja, el deseo, la infidelidad son temas a veces difíciles de hablar,  y ceo que Stanley amaba esta dificultad. Era muy curioso sobre lo que viven las personas, estaba fascinado por sus historias. Y, sobre todo. Amaba la novela de Schnitzler.

Para el espectador, Eyes Wide Shut  se muestra como su película más personal, la más íntima.
Si, sin duda. Es también por esta razón que el tema es difícil de abordar que a Stanley le tomó tanto tiempo prepararlo. Y más uno envejece, más uno aprende. Y como el tema le concierne a todo el mundo, estaba muy orgulloso de dirigirse a todo el mundo. Él amaba mucho Eyes Wide Shut, la consideraba su mejor película.



Eyes Wide Shut es una película muy europea en muchos aspectos ¿Que pensaba su esposo de la evolución del cine americano, de la nueva estética dominante fundada notablemente sobre una edición ultrarápida?
Su opinión cambiaba todo el tiempo, variaba según el tema de la última película que salió. Si UD. deseaba grabar su opinión sobre el cine contemporáneo hubiera obtenido una curva que cubriese todo el espectro. En todo caso, estaba muy orgulloso y consciente de su independencia, sabía que era muy hábil y que había maniobrado bien para hacer más o menos lo que él quería. Muy joven ya, él sabía lo que quería y deseaba muy fuertemente esta dependencia artística. Desde ése punto de vista, estaba muy organizado y preveía de todas formas a conciliar su independencia y la colaboración de los grandes estudios. Es quizá una de las razones por la cual hizo tan pocas películas: se sentía deudor de este estatus y tenía a conservarlo y honrar esta libertad. Para él, no era hacer cualquier cosa, lanzarse con la cabeza baja sobre cualquier proyecto llegado…Hacer películas lentamente de extremo a extremo era su forma de no traicionar su libertad, prefería no hacer la película antes que terminarla de cualquier modo. Planificar todo para conservar su estatus era como una gigantesca partida de ajedrez – y siempre hacía los mejores movimientos.